Referencia histórica de las Guillotinas
La guillotina fue una especie de estandarte de la Revolución francesa y
junto con el lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad, es indudable
estereotipo como lo han hecho notar escritores de gran prestigio como
Víctor Hugo y Cabanés.
Lo que no se suele conocer bien es la participación que los médicos
tuvieron en su implantación como máquina de ejecutar. El nombre del
instrumento se debe precisamente a un médico, el Dr. Joseph Ignace
Guillotin, muy a su pesar, pues no hubiera querido que su nombre pasara
a la posteridad unido a aquel símbolo fatídico. Muchos han considerado
al Dr. Guillotin como el inventor de la guillotina. Esto no es cierto
como luego veremos.
Joseph Ignace Guillotin, nació en Saintes en Charente, junto al río del
mismo nombre el 28 de mayo de 1738, siendo sus padres Joseph Alexandre
Guillotin y Catherine Agathe Martin. Cuando su madre esperaba el
nacimiento de Joseph Ignace, se cuenta que al pasar por las calles de
Saintes escuchó los gritos de un condenado a quien se daba tormento, lo
que la impresionó de tal forma que se le adelantó el parto. Por eso sus
historiadores dicen que tuvo por partera o comadrona al verdugo. Nace el
pequeño Guillotin bajo aquel signo premonitorio, tiene una infancia
normal y se revela como buen estudioso con vocación religiosa primero,
dejando ésta más tarde por la medicina que estudia en París logrando su
título en 1770. Pronto se hace conocer allí y en 1789 es elegido
Diputado por el Tercer Estado, lo que le convertiría en un personaje de
la Revolución. Se distingue por varias intervenciones políticas en los
Estados Generales, pero especialmente por su humanitaria idea de que se
modernizase técnicamente y se utilizara para llevar a cabo las penas de
muerte un instrumento que él no inventó porque ya estaba inventado: una
máquina para cortar cabezas. Aquella proposición, aunque no fuese él el
creador del instrumento sería la responsable de que llevase su nombre.
Se trataba de la mannaia utilizada en Italia desde el s. XV, o el
Halifax gibet usado en Inglaterra o el maiden de Escocia que se
empleaban para ejecutar sólo a los aristócratas o clérigos cuando por
sus acciones se les consideraba reos de la pena capital.
Era por tanto un instrumento reservado sólo para casos especiales en los
que por la condición del individuo condenado no se admitía la
intervención directa del hacha del verdugo.
Sus antecedentes se remontan más atrás del s. XII y XIII donde ya se ve
un instrumento similar en Alemania, Holanda y Nápoles. Y aún en tiempos
del Imperio romano en que aparentemente se ejecutó a Titus Manlius con
una máquina parecida. Es sabido que entre los romanos la pena capital
por decapitación con espada era un privilegio reservado a los ciudadanos
romanos. En la Edad Media se reservaba la decapitación para los reos de
condición prócer, destinando la horca para los plebeyos.
La mannaia bolonense o bolonesa consistía en un chasis de uno o dos
metros de altura y casi medio metro de anchura, formado por dos
montantes unidos por tres travesaños sobre uno de los cuales colocaba el
cuello el condenado puesto de rodillas. Al travesaño móvil iba unido por
su parte interior una cuchilla de 30 cm. de longitud y 15 a 18 cm. de
altura bien afilada por su parte libre. La porción superior iba cargada
con una pesa de plomo de 30-40 Kg. bien unida al travesaño móvil que era
elevado al máximo de altura posible sostenido por una cuerda fina.
Todo así dispuesto, a un gesto del jefe de ceremonia, el verdugo o
ejecutor cortaba la cuerda con lo que impulsada por la pesa de plomo, la
cuchilla caía libremente sobre el cuello del condenado. El golpe certero
separaba la cabeza del resto del cuerpo en porción de segundos. La
máquina aparece descrita en "El Viaje a Italia" de Labat, publicado en
1730 y en el "Voyageur français" de l'abbé de la Porte de fecha algo
posterior.
El Dr. Guillotin no fue por tanto el inventor de la guillotina, ni
tampoco otro médico que interviene en su aparición: el Dr. Antoine
Louis, secretario perpetuo de la Academia de Cirugía de París, quien
tomando como modelo los antiguos instrumentos italianos e ingleses, los
modifica hábilmente, aplicando sus conocimientos anatómicos y
quirúrgicos a la modernización de la máquina cortadora de cabezas.
Construye un modelo en 1792 que es presentado por el Dr. Guillotin a la
Convención. Hay un célebre cuadro de Herterich que plasma este histórico
momento. En el proyecto de Ley que presenta, el Dr. Guillotin, que no
tenía otra finalidad que su afán humanitario, señala que "el criminal
será decapitado por el efecto de una sencilla mecánica".
La principal modificación del Dr. Antoine Louis será que la cuchilla
tendrá por sí misma un peso de 60 Kg., que sería de acero y en lugar de
tener un borde horizontal, sería oblicuo y convexo lo que según su
criterio cortaría con más seguridad y precisión el cuello colocado entre
dos travesaños con un espacio semicircular cada uno para adaptarse a
esta parte del cuerpo como un cepo. El corte se debía hacer a nivel de
la cuarta vértebra cervical. La parte superior o travesaño superior fue
llamada sombrero, la cuchilla oblicua iba fija en una pieza de plomo de
60 Kg. de peso, el travesaño móvil se ajustaba al inferior formando
entre ambos un hueco o cepo circular como dijimos que se llamó lunette
donde se colocaba el cuello del reo que permanecía tendido sobre el
abdomen. Delante un cubo o cesto para recoger la cabeza y a un lado otro
cesto alargado forrado de cinc para recoger el cuerpo. Como el creador
de la modificación había sido el Dr. Louis se intentó llamar louisette
al instrumento, pero el destino en forma de uno de los propios
ajusticiados bautizó en forma definitiva a la que desde entonces se
llamaría guillotina.
El caballero de Champcenetz, miembro de la Academia francesa condenado a
la pena capital el 23 de julio de 1794 por la Revolución tuvo el humor
de escribir una canción satírica que hace referencia al Dr. Guillotin y
su máquina humanitaria, canción que termina diciendo: "La máquina, que,
simplemente nos matará, y a la que se llamará: guillotina". El
neologismo inventado por el caballero de Champcenetz prendió con fuerza
y a todo el mundo le pareció más sonoro decir guillotina que louisette.
Probablemente la consonancia fonética entre machine y guillotine fue
decisiva, históricamente decisiva.
El periódico "Le Moniteur" de diciembre de 1789 consideraba que la pena
de "décollation" o decapitación, reservada desde antiguo a la nobleza,
había sido, gracias a la Revolución, puesta al alcance de cualquier
criminal, y en efecto, la Asamblea, el 3 de junio de 1791 decide que
todo condenado a muerte será ejecutado por decapitación. La máquina no
se fabrica ni utiliza hasta 1792.
El Dr. Guillotin que ya tuvo que sufrir las risas de la Asamblea cuando
defendía su instrumento, sería sometido a toda clase de burlas, sátiras
y ridículo, lo que amargó su vida.
El Dr. Louis, el 17 de mayo de 1792 escribe su famoso "Avis motivé sur
le mode de décollation", que es realmente estremecedor por los detalles
y explicaciones mecánico-quirúrgicas que ofrece. Hizo prácticas con el
instrumento en cadáveres humanos y con corderos y una vez seguro del
sistema y de la instantaneidad de la cuchilla convexa y oblicua para
acabar con la vida del reo recomienda su rápida construcción y puesta en
marcha. La rapidez de acción de la cuchilla era grandísima. Los 60 Kg.
de su peso, la altura de 2,80 m. producía una aceleración enorme con una
duración de movimiento de 0,75562 de segundo según Du Camp.
Ante las recomendaciones del Dr. Louis, la Asamblea decreta la urgencia
de su construcción el 20 de marzo de 1792 siguiendo las instrucciones
del Secretario de la Academia quirúrgica.
El 25 de marzo, el Dr. Louis envía al carpintero Guidon una precisa
descripción técnica para construir la guillotina. El presupuesto parece
demasiado elevado (5.660 libras) y es rechazado, aceptando el Ministro
de Contribuciones públicas el de otro artista, el fabricante de pianos
alemán Tobías Schmidt, quien se ofrece a fabricarla por 960 libras.
Como ya es asunto de urgencia, se le ordena construirla a la mayor
brevedad posible, cosa que hace, probándose con cadáveres humanos y
animales.
Terminada la primera guillotina en menos de una semana, se fabrican con
la misma prisa otras 83 para proveer a cada Departamento de la República
del fatal instrumento.
El Dr. Louis se expresaba así a propósito de la guillotina: "He visto la
guillotina como un acto de humanidad y me he limitado a conseguir la
forma de la cuchilla haciéndola oblicua para que pueda cortar
limpiamente y conseguir su propósito. Mis enemigos han intentado por
medio de la prensa más licenciosa, dar a la máquina fatal el nombre de
Petite-Louison, pero no han podido cambiar el de guillotina...".
Justificaba así su participación en la creación de aquel monstruo del
terror.
La primera cabeza que rodó inaugurando el instrumento del terror fue la
de Nicolás Jacques Pelletier, convicto de complicidad con un
desconocido, de haber atacado a media noche en la calle de Bourbon-Villeneuve
a un particular, un peatón, para robarle la cartera que llevaba con 800
libras, golpeándole con un bastón.
La ejecución tuvo lugar en la plaza de la Grève donde se instaló el
cadalso y Sansón, el verdugo, soltó las cuerdas que hicieron caer la
pesada cuchilla separando tan rápidamente la cabeza del cuerpo que la
numerosa muchedumbre que había acudido a presenciar el espectáculo quedó
"decepcionada" como describió el "Journal de France". El pueblo
parisino, desilusionado al ver lo corto de la ejecución, se dispersó
cantando una serie de canciones alusivas en las que se insinuaba la
nostalgia del "ancien régime".
El primer guillotinado político fue Luis David Collenot d'Angremont,
condenado por su participación en los crímenes del 10 de agosto. Fue
decapitado el 21 de agosto de 1792, llevándose en esta ocasión la
guillotina a la plaza del Carrousel que había sido el escenario del
crimen y por ello debía ser también el de la expiación. Pero dos días
después la Commune de París decreta que permanezca allí hasta nueva
orden y que allí se sigan realizando las siguientes ejecuciones.
Se pretende así que la guillotina ponga punto final a las masacres
indiscriminadas, a las carnicerías llevadas a cabo por el populacho
sacando de las prisiones a hombres y mujeres aún no juzgados y
matándolos a golpes de sable en los patios de las cárceles, produciendo
un espectáculo tan horrible que hizo exclamar a Chateaubriand: "Me
horrorizan estos festines de caníbales".
El famoso Dr. Soemmering diría: "La horrible guillotina, ese juego
atroz, ese pasatiempo abominable de verdugos y populacho". El Dr.
Guillotin había escrito en 1775 una memoria sobre el tratamiento de la
rabia y en ella basándose en ideas expresadas por Diderot en su artículo
"Anatomía" de la Enciclopedia francesa en que justificaba la práctica de
la vivisección en criminales condenados a muerte, propone realizar sobre
éstos "todas las experiencias intentadas en animales". Así como pensaba
Diderot, considera que la muerte de un bandido o un asesino, puede
resultar útil a la sociedad. El que un día hizo daño irreparable, podría
así con su muerte en beneficio de los demás reparar el daño ocasionado.
Por su parte el Dr. Louis había escrito en 1752 una obra muy interesante
que hemos consultado, sobre la muerte aparente, titulada "Lettres sur la
certitude des signes de mort oû l'on rassure les citoyens de la crainte
d'être enterrés vivants, avec les observations et les experiences sur
les noyés". Quizás de ahí le venía su preocupación porque la guillotina
produjese una muerte segura.
Pero ante la decapitación por la guillotina surge un problema planteado
por algunos médicos: la muerte puede no ser inmediata y la cabeza
separada del cuerpo sigue viviendo un cierto tiempo. La cabeza no está
muerta sino "moribunda".
A partir de 1794 surge un vivo debate entre los médicos, iniciado por el
Dr. Soemmering en Alemania y el francés Dr. Oelsner, quienes se
preguntan si la muerte sobreviene coincidiendo con el acto de la
decapitación.
Auberive escribió una obra titulada: "Anecdotes sur les décapités",
publicada en París en el que cita la célebre anécdota de María Estuardo,
cuya cabeza decapitada habló. Y menciona también una experiencia
realizada por médicos sobre un sujeto joven condenado a ser decapitado.
Apenas terminada la ejecución, los cirujanos detuvieron la hemorragia de
cabeza y tronco, ajustando ambas partes con la mayor precisión posible:
vértebra con vértebra, nervio con nervio, arteria con arteria,
estimularon la respiración aproximando líquidos volátiles a la nariz y
entonces la cabeza pareció reanimarse. Percibieron contracciones de los
músculos de la cara y los párpados. Después de algunos otros signos de
vida el sujeto expiró.
Ya la experiencia en aquel tiempo era atrevida, increíble y demuestra
que las dudas de los cirujanos eran generales en cuanto a que la
decapitación producía la muerte inmediata. Se aseguró también que la
cabeza de Carlota Corday, ejecutada por haber dado muerte al
revolucionario Marat, y a la que el verdugo abofeteó al mismo tiempo que
la levantaba para que la viese el pueblo, emitió un grito de indignación
ante aquel insulto. La discusión continuó por muchos años y desde el
ensayo del Dr. Soemmering "Sur le supplice de la guillotine" y otros
como el Dr. Sue, "Opinion du chirurgien Sue, Professeur de Médecine et
de Botanique, sur le supplice de la guillotine", aparecieron
refutaciones del Dr. Cabanis y el Dr. Gastellier, la obra de Leveillé,
cirujano del Hôtel-Dieu de París: "Dissertation physiologique" y la obra
del Dr. Sédillot el joven: "Reflexions historiques e physiologiques sur
le supplice de la guillotineª, hasta la famosa obra imaginativa de
Villiers de l'Isle-Adam, "Secret de l'échafaud".
Soemmering decía estar convencido que si el aire circulase todavía
regularmente por los órganos de la voz que no quedaban destruidos, esas
cabezas cortadas hablarían.
Basándose en experiencias hechas sobre miembros amputados de hombres
vivos, Soemmering observa que la sensibilidad puede durar hasta un
cuarto de hora.
De ahí deduce que la cabeza cortada puede oír y pensar bastante tiempo
todavía.
A todo esto el Dr. Sédillot asegura que el guillotinado está muerto ya
antes de ser decapitado, desde el instante incalculable en que el pesado
cuchillo golpea con su enorme contundencia la médula y el bulbo raquídeo
antes de cortarlos.
Cabanis es más prudente, señalando que ningún decapitado ha podido
contar lo que ha sentido.
El pueblo parisino que quedó desilusionado ante la primera ejecución con
guillotina por lo breve del espectáculo, consideró más adelante que era
muy lenta, dado el elevado número de ejecuciones que se realizaban a
diario. Hay informes de la policía de París de febrero de 1794 en que se
indica que el pueblo "desearía ver acelerar el sistema" y que por lo
menos se corten 50 cabezas diarias. Se piensa para ello mejorar el
sistema colocando varias guillotinas en batería funcionando
simultáneamente. Así lo piden oficialmente varios distritos parisinos en
1794. O bien construir una guillotina con cinco ventanas o cepos. La
idea no cayó en saco roto y en Burdeos se construyó una guillotina de
cuatro agujeros para ir decapitando de cuatro en cuatro a los
condenados. Y aún se pidió otra que decapitase de nueve en nueve.
Michelet en su "Historia de la Revolución francesa", considera que la
plaza de la Grève o del Carrousel o de la Revolución, no son más que
teatros donde se representan dramas con actores (máquina, víctimas y
verdugos) y público que llena la plaza y que se transforma en actor. La
plaza se convirtió en teatro revolucionario. Las ejecuciones de Danton y
Robespierre, dos de los jefes revolucionarios que más habían impulsado
el terror, fueron obras maestras de esta representación teatral,
especialmente Danton, que como es sabido tenía cabeza muy grande, dijo
al verdugo: "No olvides mostrar bien mi cabeza al pueblo; es cosa digna
de verse". En cuanto a Robespierre, es sabido que al subir al cadalso,
llevaba la cara vendada con una compresa puesta sobre la herida de bala
que le atravesó la cara. El verdugo le arrancó bruscamente la venda lo
que hizo lanzar a Robespierre un tremendo aullido de dolor que se
escuchó claramente en el silencio de la plaza llena del pueblo que
otrora le había aclamado. Al grito del tigre herido siguió el golpe seco
de la cuchilla y la separación de la cabeza y de inmediato el clamor
popular cuando Sansón mostró cogida del cabello la cabeza del jefe
revolucionario.
La carreta descubierta que llevaba a los condenados tardaba de la
Conciergerie a la plaza de la Revolución de una hora y media a dos horas
siguiendo siempre el mismo camino, un trayecto fijo a lo largo de la
estrecha rue Saint Honoré, atravesando el corazón de París, de 3 a 4 de
la tarde todos los días acompañada de un cortejo de gente y abriéndose
paso por entre la muchedumbre agolpada en las estrechas calles que
comentaba el aspecto de los reos, los insultaba o les tiraba toda clase
de objetos.
El cadalso quedaba fijo en el mismo lugar y el verdugo Sansón tenía que
llevarse todos los días las cuchillas después de las ejecuciones.
Hasta el 10 de mayo de 1793, durante ocho meses y medio, la guillotina
permaneció en la plaza del Carrousel, desplazándola excepcionalmente en
dos ocasiones: el 11 de noviembre de 1793 al Campo de Marte para la
ejecución de Bailly, el alcalde de París al que se hizo responsable de
la masacre del 17 de julio de 1791 y el 21 de enero a la plaza de la
Revolución para la ejecución del rey Luis XVI, por motivos de seguridad,
pues se temió una reacción realista para salvar al monarca.
El 17 de mayo de 1793 la guillotina es trasladada definitivamente de la
plaza del Carrousel a la de la Revolución donde permanece poco más de un
año, hasta el 9 de junio de 1794. En esta fecha es transportada a la
plaza de St. Antoine (actualmente plaza de la Bastilla) donde permanece
tres días y el 13 de junio pasa a la "Barrière du Trône renversé" (hoy
plaza de la Nación). Posteriormente la guillotina fue llevada cada vez
más cerca de la prisión (1832) y en 1852 se coloca delante de la puerta
de la cárcel. En 1872 se suprime el cadalso y se coloca la guillotina a
nivel del suelo y no será hasta 1939 que el Ministerio de Justicia,
después de la ejecución de Weidmann, que fue muy fotografiada, decide
ocultarla definitivamente al público e instalarla dentro de la cárcel.
Hacía ya mucho tiempo, cuando fue colocada en la plaza de Saint Antoine,
que los vecinos protestaron por la gran cantidad de sangre que empapaba
la plaza después de las ejecuciones y que atraía muchas moscas y perros
callejeros que la bebían con avidez. La sangre fermentaba y producía tan
malos olores que se temió una epidemia. Se hizo un gran hoyo para
recogerla lo más posible, pero aun así no sirvió de mucho.
A finales del s. XIX cuando aparece la fotografía como técnica aplicada
a la antropología, se toma la resolución de fotografiar las cabezas de
todos los guillotinados y hacer moldes en cera de ellas, a propuesta de
un grupo de médicos y antropólogos que no querían desperdiciar la
ocasión para guardar en sus archivos los restos de criminales natos.